Chapultenango, Chiapas.- Marzo de 2020.- El domingo
28 de marzo de 1982, a las 23:32, se registró un sismo de 3.5 grados Richter.
Le siguió una erupción que arrojó ceniza, rocas y gases hasta una altura de 17
km en la atmósfera. Esta ceniza estuvo cayendo en las inmediaciones del volcán
en los días que siguieron, hasta el sábado 3 de abril.
Los habitantes zoques dirían que desde noviembre de
1981 sintieron temblar la tierra.
El personal de la CFE había reportado sacudidas y
ruidos de la tierra, que el agua de los ríos se había calentado y emitía un
olor a azufre, y que siempre había una nube de vapor sobre la montaña.
El sábado 3 de abril, en los alrededores del volcán
se registró una intensa actividad sísmica (casi 30 temblores por hora durante
la mañana, y uno cada minuto por la tarde) que anticipó la llegada de otra
erupción.
Los temblores prácticamente cesaron a las 19:00, y
el volcán estalló violentamente a las 19:35 con una duración de 30 minutos
aproximadamente. A las 5:33 del lunes 5 de abril, el Chichonal estalló por
tercera vez con una duración de 45 minutos aproximadamente.
Se estima que el Chichonal arrojó quizá diez veces
más ceniza y gases de lo que, dos años antes, había arrojado el monte Santa
Helena, en el estado de Washington, EE. UU. La nube subió hasta la estratosfera
(casi 35 km de altitud) y se extendió por todo el mundo.
Los vientos que soplaban hacia el sur llevaron las
cenizas a muchas ciudades de los estados de Tabasco, Campeche y parte de
Oaxaca, Veracruz y Puebla, pero especialmente de Chiapas. Fue necesario
desalojar a miles de habitantes de la región y se cerraron los aeropuertos y
gran parte de los caminos.
Este tipo de erupciones se denominan
"plinianas" en recuerdo de Plinio el Viejo, naturalista romano, que
con su intención de no perder detalle de la erupción del Vesubio, que en el año
79 sepultó con varios metros de ceniza las ciudades de Pompeya y Herculano, se
acercó demasiado y perdió la vida. Pero también en honor de Plinio el Joven,
que describió la probable muerte de su tío, al igual que la erupción que él,
más juicioso, presenció desde una distancia de varios kilómetros.
El volcán arrojó ceniza casi continuamente. Durante
la erupción del sábado 3 de abril, hubo intensa actividad eléctrica, y ruido
ensordecedor que parecía provenir de todas partes. Aunque la segunda y tercera
erupciones fueron de corta duración (30 y 45 minutos, respectivamente) ambas
estuvieron acompañadas de flujos piroclásticos, gigantescas avalanchas de gases
(vapor de agua, ácido sulfúrico y óxidos de carbono y azufre) y cenizas a
grandes temperaturas, que se mueven a velocidades increíbles.
Se calcula que en el Chichonal, estos flujos
piroclásticos alcanzaron temperaturas de 750 °C y descendieron a más de 150
km/h en avalanchas de 8 km de largo, 60 m de alto y 150 m de ancho. Estos
flujos fueron los responsables de la mayoría de las muertes registradas.
Siguiendo la ruta trazada por el Valle del río
Magdalena, destruyeron todo a su paso, incluido el municipio de Francisco León.
La ceniza también bloqueó el cauce del río, creando un lago artificial que
posteriormente inundarían la región con agua lodosa.
Desde la noche del sábado y durante todo el domingo,
la gente buscó desesperadamente escapar atravesando las montañas.
La mayor devastación ocurrió en las inmediaciones
del volcán, siendo los municipios más afectados Francisco León y Chapultenango
(que desaparecieron por completo), Nicapa, Esquipula Guayabal, El Naranjo. El
ejército evacuó a mucha gente, pero mucha más se quedó, y nunca se supo cuántas
personas murieron.
Científicos de EE. UU. consideraron que las cenizas
de esta erupción formaron una nube de más de 3 kilómetros de espesor que
flotando a 20 000 m de altitud rodeó el mundo desde México hasta la India;
llegó a Hawái el 9 de abril; a Japón, el 18; al mar Rojo, el 21 y, por último,
el 26 de abril cruzó el océano Atlántico.


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